Después de hablar brevemente con el equipo, Salomón concluyó que la situación con el Behemoth marino solo era cuestión de tiempo. Entonces, subió apresurado a su vehículo y llevó personalmente a Simón de regreso a Monteverde del Mar. Una vez en su residencia, Simón cerró la puerta y, por fin, no pudo contenerse más: un rastro de sangre se deslizó por la comisura de sus labios.
La verdad era que, durante la batalla en el fondo del océano, las poderosas descargas eléctricas del Behemoth marino hab