"¿A dónde cree que va, Sra. Hernández?" —me cuestiona una voz áspera.
Suspiro y me doy la vuelta dando mi mejor mirada de confusión. Un hombre enorme está frente a mí vestido con un traje negro, sus ojos mostrando curiosidad sobre mis movimientos. Por alguna razón desconocida para mí, el hombre se dirige a mí como si fuera la esposa de Luca. Tal vez eso fue lo que Luca les dijo a sus hombres y sin importar lo sucia que me sienta por el título, lo usaré a mi favor. Me muerdo el labio y miento descaradamente.
"Solo iba a conseguir algo de desayuno para mí y mi esposo. No comimos nada antes de venir a trabajar y como él está ocupado pensé que saldría y le conseguiría algo de comer antes de que su día se pusiera agitado."
"El edificio tiene una cafetería. No necesita estresarse y salir" —me da una alternativa.
"Oh, bueno, a Luca no le gusta comer ciertas comidas. Como quizás sabes, es muy particular sobre lo que quiere" —menciono, manteniéndome firme en mis palabras.
El hombre me observa