Colgué con la mano temblando y agarré el bolso con demasiada prisa, tiré la servilleta al suelo y ni me agaché. Mi cuerpo estaba entero en el colegio, solo mi piel aún estaba allí.
Y Logan… Logan ya estaba de pie, como si la llamada hubiera sido para él.
"Vamos", dijo, cortante.
"Yo… voy a pedir un Uber", empecé, porque mi cerebro gusta de decir frases inútiles en momentos de pánico. "Quedé con el conductor recién más tarde…".
Logan ya tenía la llave en la mano.
"Yo tengo el carro".
Logan no es