La noche fue infernal.No del tipo "dormí mal" o "me desperté algunas veces". Fue del tipo "¿voy a sobrevivir hasta el amanecer o voy a desmayarme de agotamiento en medio de la habitación?"Descubrí, por las malas, que el ochenta por ciento del llanto nocturno de bebé es hambre.Llanto 1, a las dos de la mañana: hambre.Llanto 2, a las cuatro: hambre de nuevo.Llanto 3, a las cinco y media: hambre disfarazada de drama existencial.Entre un biberón y otro, tambaleé por la habitación oscura, tropezando con el borde de la alfombra, tirando cosas, intentando no despertarme completamente porque sabía que tendría que levantarme de nuevo en poco tiempo.A las seis de la mañana, cuando Liam finalmente se durmió como un angelito inocente, me quedé inclinada sobre la baranda de la cuna, mirando esa carita tranquila. Las mejillas rosadas, las pestañas largas descansando sobre la piel suave. Parecía la criatura más pacífica del universo."Ahora duermes, ¿no, criatura?", murmuré, pasándome la mano
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