~ MAITÊ ~
El cuarto estaba sumergido en una penumbra confortable, solo la luz suave de la lámpara en la mesita de noche iluminando el espacio. Era uno de los cuartos de lujo del hospital, prácticamente una suite, con baño privado, sofá, y lo más importante en ese momento: una cama matrimonial donde Marco y yo estábamos acostados, lado a lado.
Mi cuerpo todavía dolía. Cada músculo reclamaba del esfuerzo sobrehumano que había hecho algunas horas atrás. Pero era un dolor bueno, un dolor que valía