~ MAITÊ ~
El auto se deslizaba por las calles de Córdoba en un silencio tenso que parecía presionar contra mi pecho como una mano invisible. Miré por la ventana, observando la ciudad pasar como una película en la que yo era solo espectadora.
Livia estaba sentada a mi lado, sus puños cerrados sobre el regazo, claramente haciendo un esfuerzo hercúleo para mantener la compostura. Podía sentir la rabia irradiando de ella como calor. En el asiento del pasajero, mi madre verificaba obsesivamente la