Estaba terminando de abotonarme la blusa cuando escuché a Nate riendo quedamente detrás de mí. Me di la vuelta y lo encontré observándome mientras intentaba domar mi cabello, que había quedado ligeramente húmedo por el vapor de las termas.
—¿Qué pasa? —pregunté, pasando los dedos por los mechones en un intento inútil de arreglarlos.
—Nada —dijo, acercándose para ayudar, sus dedos sustituyendo los míos mientras organizaba delicadamente algunos mechones rebeldes—. Solo estás... radiante.
Sentí