Llegué a la casa de Nate con el corazón acelerado, cada paso por el camino arbolado hasta la puerta aumentando mi determinación y mi nerviosismo en igual medida.
Cuando toqué el timbre, abrió casi inmediatamente, apoyado en el marco de la puerta, como si me estuviera esperando. Había algo en su postura que sugería que sabía exactamente por qué estaba ahí.
—Entonces ya sabes —dijo simplemente, sin ninguna sorpresa en la voz.
—RRHH me comunicó esta mañana —respondí, deteniéndome a algunos metro