Llegué al restaurante quince minutos antes de lo acordado con Bianca, eligiendo una mesa discreta en la esquina, lejos de las ventanas que daban a la calle concurrida. El lugar era perfecto para lo que necesitaba: lo suficientemente acogedor para conversaciones íntimas, pero lo bastante concurrido como para que nadie prestara atención a dos mujeres almorzando.
Pedí un café e intenté poner algo de orden en los pensamientos que me venían atormentando desde la noche anterior. La suspensión del tra