Entré al apartamento en silencio, todavía procesando lo que acababa de suceder en el pasillo. La imagen de Nate alejándose quedó grabada en mi mente: los hombros tensos, los pasos controlados, la forma en que me había mirado en esos últimos segundos antes de irse.
Fui directo a la cocina, tomé un florero de vidrio del armario y lo llené con agua. El ramo de rosas rojas estaba pesado en mis manos, y cada movimiento para acomodarlas en el florero parecía amplificar el torbellino de pensamientos q