El aeropuerto de Heathrow el sábado por la mañana estaba más movido de lo que esperaba. Bianca y yo llegamos con una hora de anticipación, ansiosas por recibir a Zoey, Christian y Matteo, que finalmente estaban llegando a Londres.
—Ese es su vuelo —dijo Bianca, señalando el panel de llegadas—. Aterrizaron hace veinte minutos.
Me puse de puntillas, tratando de avistar a mi hermana entre la multitud que salía del área de desembarque internacional. Cuando finalmente la vi, cargando a Matteo en br