~ ZOEY ~
La pastelería tenía ese olor indecente a mantequilla y azúcar que hace que cualquier adulto recuerde que la felicidad es más simple de lo que nos gusta admitir. La vitrina brillaba con hileras de bocaditos perfectamente alineados, como si alguien hubiera organizado la gula con regla.
Yo estaba sentada a la mesa con Mia y Maitê.
Mia se movía el cabello como si fuera una extensión de su humor —hoy estaba animada, eléctrica, con energía de quien se despertó decidida a convertir cualquie