La llamada de Margaret llegó el martes por la mañana, mientras revisaba reportes de ventas con Bianca.
—¿Annelise? —Su voz sonó formal y eficiente—. Al Sr. Carter le gustaría que lo acompañara en la cena con los inversionistas franceses el viernes. Él cree que su conocimiento sobre el mercado argentino sería valioso para la discusión.
Sentí que mi estómago daba un salto mortal.
—Por supuesto —logré responder, intentando sonar profesional—. ¿A qué hora?
—A las ocho, en Le Bernardin. Le enviar