El silencio en la bodega parecía extenderse infinitamente, mi confesión flotando en el aire como una nube tóxica. Esperé que la decepción apareciera en el rostro de Giuseppe, el dolor, el sentimiento de traición. Pero lo que vino a continuación me dejó completamente aturdida.
Una carcajada.
No una risa educada o forzada, sino una carcajada genuina y profunda que parecía venir del fondo de su alma. Sus hombros temblaban con el esfuerzo, y por un momento absurdo, pensé que estaba teniendo algún