El jet privado surcaba el cielo en dirección a Buenos Aires, dejando atrás el Valle de Uco y su caótico fin de semana. Por la ventana, el sol comenzaba a ponerse, pintando las nubes de rosa y naranja. En otras circunstancias, sería un espectáculo que capturaría mi atención, pero mis pensamientos estaban tan turbulentos como el aire que ocasionalmente hacía trepidar la aeronave.
Annelise estaba inusualmente callada en el asiento frente al mío, con los ojos fijos en la pantalla del celular, aunqu