El sollozo era lo único que se oía entre las dos personas. Gael había abierto la puerta encontrándose con la persona que más amaba de rodillas suplicando que lo escuchara. Ni siquiera sabía que decir, era verdad una perdida no era una conversación fácil de abordar, y podía entender que Brian temiera hablarlo.
Brian lo miraba suplicante, ansioso de que dijera una sola palabra, o que reaccionara de una vez. Gael extiende sus brazos tomándolo del hombro para que se pusiera de pie. Sus ojos se cone