Wilson desvió apenas la mirada hacia Velik.
Elena permaneció en silencio, rígida en el otro extremo del salón, como si todavía no decidiera si echarlo de la casa o dejarlo hablar. El ambiente entero se sentía pesado. Sofocante. Afuera ya había oscurecido por completo y las luces cálidas del salón apenas lograban suavizar la tensión que parecía pegarse a las paredes.
Velik tardó varios segundos en responder.
—Lo sé. Y estás en todo tu derecho de no creerme.
Pero esta vez no hubo arrogancia en su