David había conseguido la firma de Catherine para culminar su divorcio. Alejandro tuvo que ayudarlo a eso, y después, regresó a la mansión Lambert, dónde su madre ya estaba esperando.
La señora tenía un ceño fruncido, que demostraba su preocupación y enojo ante una nueva situación que los sobrepasaba.
—¿Mamá? —cuestionó el rubio, cerrando la puerta principal—. ¿Qué haces aquí? Últimamente vienes mucho.
—Deja de gastar el poco dinero que tienes en bebidas alcohólicas, David —lo regañó, se ent