Los días pasaban y la familia Lambert se quebraba poco a poco. David no dejaba de discutir con su esposa debido a la hostilidad en ella.
—Catherine, ya basta, por favor.
—¡¿No me puedes comprar lo que te pido?! —exclamó, como una malcriada.
David sobó su sien, no tenía idea de que su esposa se pondría tan histérica por haber rechazado comprarle un vestido de último modelo.
—Si seguimos gastando en cosas innecesarias, mi deuda se incrementará —explicó.
—Ay, por favor. Si Rafael te hubiera qu