—¡¿Para qué quieres verme?! —inquirió Catherine.
Ella tenía puesto un suéter con una capucha que cubría su cabello, lentes de sol oscuros y un tapabocas porque no quería ser descubierta.
Sus cuatro meses de embarazo se notaban, y estaba reunida en una cafetería con un hombre que decidió sacar de su vida por la locura que cometió.
—Catherine… lo único que te pedí fue novedades del bebé, ¿por qué no me has mandado ni una foto? —cuestionó el pelinegro, arrugando la nariz.
—¡Maldito Víctor! Te