Veinte años después…
Victoria se encontraba emocionada porque vería de nuevo a su viejo amigo Mateo. Él se había ido al extranjero hace cinco años para completar sus estudios en artes.
—¡Victoria! Hija, mírate —Mónica la regañó—. Tienes la pintura de labios corrida.
Su hija rodó los ojos, dio un largo suspiro.
—Mamá, sabes perfectamente que el maquillaje no es lo mío. Además, Elsa está pasando tiempo en familia, y por eso tampoco he podido pedirle el favor a Sara —bufó, sentándose en la sil