Victoria gritó al escuchar ese disparo que iba dirigido a ella. Rafael se horrorizó tanto, que no pensó con la cabeza y salió corriendo directo a dónde estaba Rowena solo para agarrarla del cuello y dejarla desarmada.
La señora se había paralizado y se dejó tumbar, porque no podía respirar bien de los nervios. No quería morir aún.
—Vas a pagar —sentenció Rafael.
—¡Victoria! —Mónica corrió con desespero, se tropezó en el camino.
Cuando llegó a la ubicación, David estaba abrazando a su hija,