El motor de mi auto rugía por las calles de Brooklyn, pero el ruido no era nada comparado con el caos que bullía en mi pecho. Salir de mi propio apartamento huyendo de la emboscada de Sasha y de mi madre me había dejado una sensación de amargura. Necesitaba ver a Karina. Necesitaba decirle que la amo y que ya no puedo estar así, sin ella.
Pero al doblar la esquina de su edificio, la realidad me golpeó con la fuerza de un choque a alta velocidad.
Frené de golpe, estacionando el auto de manera