POV ANDREW
El silencio de la unidad de cuidados intensivos era una tortura rítmica. Cada pitido del monitor cardíaco marcaba un segundo más de una vida que yo no sabía si todavía me pertenecía, o si me estaba siendo arrebatada como castigo por cada uno de mis errores
Me acerqué a la cama de Karina con un miedo que nunca sentí frente a mis peores enemigos. Mis piernas, esas extremidades que me costaron un año de sudor y lágrimas recuperar, me pesaban ahora como si estuvieran hechas de plomo. M