Lara arrastró pesadamente los pies fuera del probador, abrazándose a sí misma con la expresión de pudor que había tenido en el hotel cuando pensó que se entregaría a Waylon por dinero.
Traía la vista baja, sintiéndose como una cosa exhibida en una vidriera, como un pedazo de carne a punto de caer en las garras de algún depredador, mientras el aire rozaba sus piernas desnudas y su espalda descubierta, haciéndola erizar.
Waylon contuvo el aliento, la delicada belleza de la rubia hizo que dejara ca