La rubia desvió la mirada antes de ponerse en evidencia.
Estaba clara en que el “trabajo” para el cual había sido contratada constaba en fingir ser la prometida del impresionante monumento sentado a su lado, pero ni que estuviera muerta para no darse cuenta de que iba a ser muy difícil quitarle los ojos de encima a semejante espécimen, y más cuando el desgraciado sonreía de ese modo tan sexi.
Además, hacer ese tipo de comentarios sobre su castidad y cómo ella era una niña buena, solo azuzaban l