— Sí, por supuesto, que me interesan esos planes... y no, en lo absoluto vamos a perder dinero. Búscalo y haz lo posible para que acepten. Pero haciendo una propuesta coherente, por supuesto— digo en mi llamada con uno de mis inversores mientras la veo a ella entrar.
¿Para qué voy a negar que la extrañaba? Que tenía hasta la tentación de... llevármela a la oficina. Enseñarle todo... darle todo el maldito mundo.
Porque cuando ella entraba a mi estudio, casi con vergüenza, de forma adorable, p