POV: Mariana
El lunes por la mañana, mientras el taxi cruzaba los inmensos portones de hierro forjado de la propiedad de los Anchorena, mi estómago era un nudo de nervios tan apretado que apenas me dejaba respirar.
No había dormido más de dos horas. El largo, desesperado y poético mensaje de texto que Elías me había enviado a medianoche mientras yo regresaba en el autobús se repetía en mi mente en un bucle infinito. “Te extraño hasta que me duelen los huesos”. Había llorado en la oscuridad de m