Treinta y Dos

Solo somos fichas en un juego absurdo.

Amelia

Desde que volvimos, dormimos en habitaciones separadas. Es difícil resistir la tentación de entregarme a sus brazos, pero es lo mejor para los dos. Además del sexo, no hay nada que nos  una, nada que nos haga compatibles. Suspiro sentada frente a la ventana que me ofrece una espectacular vista de la ciudad, Londres con sus luces no consigue hacerme sentir mejor.

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