Amo ser el lobo en esta historia.
Sebastián
Rozo ligeramente con mis dedos la piel de su cuello. Sus movimientos se detienen al tiempo que se tensa. Noto como cambia su respiración provocando un sutil movimiento de sus senos al ir y venir llame mi atención.
—Buenos días, esposa —susurro muy cerca de su oído.
Toma aire por la boca.
—Buenos días, señor Falcó. —Sonrío.
—¿De nuevo soy el señor Falcó? —inquiero en tono divertido—. Supongo que me gusta y ya sé en qué situación me gustaría escucharlo.