No importa si no hay mucho que decir entre los dos. Con sus gemidos es suficiente.
Sebastián
La idea de un matrimonio forzado me revuelve el estómago, pero debo admitir que esta farsa tiene su encanto. Mi futura esposa es una mujer de contradicciones, algo inestable mentalmente, pero desafiante e indomable, Y su cuerpo… es una maldita distracción que me obliga a mantener los ojos pegados a ella en todo momento. Me absorbe por completo. Incluso en la solemnidad de la ocasión, la veo. La imagino