Angelo palideció, su mirada se quedó fija en el mensaje de texto.
«SOY EVELYN»
Esas dos palabras resonaban en su mente.
Tragó en seco, sintiendo que el aire se le escapaba.
Cassandra, a su lado, notó de inmediato que algo no estaba bien. Él estaba inmóvil, absorto en la pantalla.
Sin pensarlo dos veces, ella le arrebató el celular de la mano.
—¡Cassandra! —exclamó Angelo, todavía aturdido.
La rubia miró el mensaje, el celular seguía vibrando, su corazón latía con fuerza, como si quisier