Capítulo 158: Mi consentida.

—¿Y si no me importa lo difícil que te resulte? ¿Y si soy egoísta y… no quiero que lo hagas? —susurró ella, aferrándose con fuerza a las sábanas, su voz temblando con desesperación.

Angelo se acercó a Cassandra, su rostro a solo unos centímetros del de ella, el aire entre ellos cargado de tensión.

—Entonces, pídemelo y no lo haré.

Cassandra levantó la mirada, sus ojos dorados brillando con incredulidad. Una de sus manos se apretó contra el cuello de la camisa de él, atrayéndolo más hacia sí
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