«No volverá a pasar», refunfuñó Emma. Apoyó la cabeza contra la ventanilla. El suave zumbido del coche, el asiento cálido y su agotamiento acabaron por arrullarla hasta que se quedó dormida. Will se dio cuenta de que se había quedado dormida. Pensó en despertarla, pero decidió no hacerlo. Necesitaría toda la energía que pudiera reunir. Había decidido que Emma necesitaba un recordatorio de por qué nadie más debía tocarla.
Llegaron a su destino y Will esperó a que Emma se despertara. Era guapa, c