La brisa nocturna acariciaba mi rostro, trayendo consigo el aroma a tierra húmeda y a hojas recién caídas. Miré hacia el cielo estrellado, buscando en las constelaciones algún indicio de lo que estaba por venir. Desde que descubrí mi habilidad de protección, me sentía como un ave enjaulada, intentando volar con alas cortas.
—Luna, ¿te encuentras bien? —preguntó Demon, su voz grave resonando en la penumbra como un eco de antiguas promesas.
—Como si el viento mismo me empujara hacia el abismo —