—¿¡En cuatro horas!? —el grito se me escapó antes de que pudiera procesar lo que estaba ocurriendo —. ¡Sr. Cole, esto es una locura! No tengo nada listo, mi ropa está... bueno, no está aquí, ¡y ni siquiera he preparado un informe de viaje!
Nathaniel no se inmutó. Sacó su teléfono del bolsillo y me dedicó una mirada serena.
—Le envié un correo electrónico anoche a las nueve con todo el itinerario, la reserva del vuelo privado y la lista de documentos para la reunión en Chicago —dijo con ca