La sala de juntas del último piso parecía un tribunal de inquisición. Los doce directores regionales, enfundados en sus trajes oscuros y con caras de pocos amigos, revisaban la pantalla donde los gráficos del proyecto continuaban en rojo sangriento. La filtración del espía nos tenía acorralados contra la pared; la competencia estaba a punto de ejecutar la patente robada en la bolsa al abrir la sesión del lunes.
El silencio se rompía solo por el murmullo derrotado de los ejecutivos. Nathaniel