—Scarlett... —susurró Nathaniel.
No le di tiempo de terminar la frase ni de ponerse en modo jefe honorable. Mandé al demonio el protocolo de oficina, las buenas costumbres y cualquier rastro de decencia que me quedara. Me incliné hacia adelante sobre su regazo, le agarré de la camisa con fuerza y le estampé la boca con un beso directo, húmedo y sin una sola gota de vergüenza.
La chispa prendió fuego a toda la pólvora en un segundo. Nathaniel soltó un gemido sordo contra mis labios, perdiend