Capítulo 40

Nathaniel no soltó mi mano. Al contrario, entrelazó sus dedos largos con los míos, apretándolos con una fuerza que me detuvo el corazón. Sus ojos grises bajaron a mis labios, hambrientos, recordando la locura en el sillón de hacía apenas unas horas. Se inclinó despacio, acortando la distancia hasta que su aliento cálido me rozó la boca, haciéndome entreabrir los labios lista para dejarme devorar otra vez.

Pero justo en el último milímetro el se detuvo.

Cerró los ojos, tragó saliva y desvió l
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