Inserté la clave una vez más. Las letras rojas parpadearon en la pantalla golpeada de mi laptop: “Usuario no encontrado o contraseña incorrecta”.
El olor a humedad y a cigarrillo viejo de la habitación de este hotel barato de mala muerte me revolvió el estómago. Me quité los zapatos gastados en la entrada, dejando la maleta junto a la puerta desgajada, y me senté en el borde del colchón vencido. Volví a teclear desesperada cada una de mis contraseñas sobre la mesa de noche manchada. Nada. Cambi