El tono de llamada sonó tres veces antes de que la voz impecable y distante de Claire ressonara al otro lado de la línea.
—¿Scarlett? ¿Ocurre algo a esta hora?
Me tragué las lágrimas de rabia, apretando el mango de la maleta bajo la lluvia helada. El orgullo me quemaba la garganta como ácido, pero la realidad era demoledora: no tenía adónde ir.
—Necesito... necesito pedirle un favor, Sra. Cole —balbuceé, intentando que la voz no me temblara—. Necesito un adelanto del dinero. Un préstamo. Se