Arianna nunca había previsto ser derrotada por alguien así. Había asumido que tenía el control total y que su único obstáculo sería su tío. Sin embargo, no pudo prever que uno de sus secuaces eventualmente la traicionaría.
Eloise, sentada al otro lado de la mesa, parecía haber envejecido diez años y tenía el pelo gris torcido. Tenía los ojos rojos e hinchados, un cuadro de miseria.
—¿Te complace verme así? Arianna preguntó, con sus labios resecos fruncidos—. Ahora puedes confiar en tu precio