Lily recordaba que su abuelo no era una persona que admitiera la derrota. Todos los días se levantaba a las cinco de la mañana para hacer ejercicio. Aunque Wilfred era viejo, seguía estando muy en forma. Wilfred podía mantenerse erguido y correr tan rápido como el viento en aquel entonces.
Sin embargo, ahora estaba en una silla de ruedas. Él solía preferir estar de pie que sentarse. Aunque decía que no era gran cosa, el dolor que le producía estar en silla de ruedas era evidente.
“¡No pasa nad