Leonel se paralizó de miedo y no se atrevió a moverse. No podía creer las despiadadas palabras que acababan de salir de la boca de Lily, sobre todo porque las decía con una sonrisa, lo cual era muy escalofriante.
Lily continuó: “Desafortunadamente, no tengo experiencia, así que no creo que pueda controlar la fuerza con la que use el cuchillo. ¿Se molestarán si no lo llego a hacer bien?”.
“No lo hagas, no...”.
Al hombre de las gafas de sol le temblaban los ojos, pero seguía obstinado. “¿C