“¿Cómo te llamas?”, preguntó el anfitrión con entusiasmo.
“...”.
“¿Hola?”. Al verla en trance, el anfitrión la llamó de nuevo.
“...”. Volviendo repentinamente a sus sentidos, Melanie lo miró. “Yo...”.
Ella se dio cuenta de que su voz estaba un poco ronca en cuanto abrió la boca. Se aclaró la garganta y apretó el micrófono con fuerza. Su mente se había quedado en blanco.
Melanie no era ajena a estar en el centro de atención, ya que había recibido muchos premios y aplausos a lo largo de su ca