Su cuerpo se congeló al instante. Melanie quería liberarse inconscientemente, pero oyó la voz de Frank resonando en sus oídos: “¿Te gusta el lugar?”.
Su acento se escuchaba un poco extraño, pero le recordó a Melanie quién era y que no podía ofenderlo. Ella mantuvo su cuerpo firme y se dejó abrazar por él, sin atreverse a moverse. Su cuello se congeló mientras asentía: “Por… por supuesto que sí”.
“¿Quieres... tenerlo todo?”, volvió a preguntar Frank.
Esta vez, Melanie respondió de forma mucho