Paolo levantó a Claudia pasándole un brazo por debajo de las piernas y otro por detrás de la espalda, y sin darle tiempo a reaccionar la dejó caer suavemente en la cama, subió rápido posicionándose encima de ella, le tomó las manos sujetándola por encima de la cabeza y acercando el rostro al de ella, solo separándolos unos milímetros le respondió:
—No tesoro, tu lugar es aquí, conmigo. Hay un papel que firmaste que dice que eres mía.
Claudia pasó en un segundo por varios estados de ánimo, sorpr