Matías, como nunca, se queda dormido. Al menos no tiene que ir a trabajar, pero está acostumbrado a levantarse temprano de todas maneras, ejercitarse un poco y tomar su desayuno, pero esta vez nada de eso pasa.
Por el contrario, lo despiertan los golpes insistentes en la puerta del departamento. Mira a Charlize, que está acurrucada a su cuerpo, sigue durmiendo plácidamente y ni los golpes en la puerta la despiertan.
Se pone de pie, saca un pantalón de pijama que dejó allí para cuando se quede a