Connie abrió los ojos y estiró los brazos para desperezarse, tenía el cuerpo dolorido por la mala posición en la que se había quedado dormida, casi no pudo conciliar el sueño ya que los niños se despertaban sollozando y ella tenía que consolarlos para que volvieran a dormir.
Los dejó en la cama unos minutos más en lo que bajó a supervisar que las mujeres hubieran preparado el desayuno y todo marchara como si la madre superiora se encontrara al frente del albergue.
Todas las chicas refugiadas la