—Lo siento amor, no quise despertarte— dijo Gabriel y coló el teléfono —ven, vamos a casa, necesito darme una ducha para regresar a la reunión con los ejecutivos.
—Sí, si claro — contestó y cuando se puso de pie estuvo a punto de caer al piso.
—¡Amor estás bien? — preguntó Marco sosteniéndola del brazo al ver que había perdido el equilibrio.
—Sí, sí, no te preocupes, solo que debía levantarme muy rápido y me maree `pero ya pasó, no tienes nada de qué preocuparte— fingió puesto que ella sabía